Ser hombre también es construir paz

Ser hombre también es construir paz

Ser hombre también es construir paz

En el segundo taller de #MasculinidadesParaLaPaz, los firmantes de paz llegaron con paso sereno, algunos en silencio, otros saludándose con confianza. Venían a un espacio distinto: un lugar donde la fuerza no se mide por la dureza, sino por la capacidad de mirarse por dentro. Un lugar donde ser hombre también significa construir paz.

La sesión comenzó con una pregunta sencilla pero profunda: ¿qué aprendimos sobre ser hombres? Muchos recordaron cómo crecieron escuchando que los hombres no lloran, que deben aguantar, que mostrar miedo o tristeza es una falla. Durante años cargaron con esos mandatos, como si fueran armaduras necesarias para sobrevivir.

Pero ese día, en círculo, descubrieron que nombrar lo que sienten no les quita fuerza; se la devuelve. Que expresar emociones es un acto de valentía, quizá uno de los más difíciles.

Entre las conversaciones apareció una certeza: cuidar, escuchar y respetar también es labor de hombres. Y no solo hacia los demás, sino hacia ellos mismos, hacia sus propios cuerpos y memorias. Así entendieron que la paz no nace solo de grandes acuerdos, sino del gesto cotidiano, de la palabra amable, del límite que evita la violencia, de la decisión de sanar.

Muchos compartieron que el proceso de paz ha sido, en realidad, un viaje personal. Un viaje para reencontrarse con el niño que fueron, para reconciliarse con sus historias, para reinventarse como hombres y como comunidad. Hablar de masculinidades cuidadoras no es negar la fuerza; es darle un nuevo propósito.

Por eso estos talleres son tan necesarios. Porque invitan a paternar desde la ternura, a proteger desde el respeto, a sostener la vida con manos que antes empuñaban armas y que hoy aprenden a abrazar. Invitan a transformar el silencio en diálogo, la dureza en sensibilidad, la desconfianza en confianza.

Seguimos caminando juntos, paso a paso, conversación tras conversación.

Construyendo paz desde adentro, aprendiendo que ser hombres en paz es también ser hombres capaces de amar, perdonar, pedir ayuda, acompañar y dejarse acompañar.

Y en ese proceso, cada historia que se cuenta, cada emoción que se reconoce y cada abrazo que se ofrece se convierte en una semilla de un país distinto.

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