24 Nov Nueve años de la firma del Acuerdo de paz
Nueve años después, entendemos que la paz se mantiene con hechos y con el territorio en el centro de todas las decisiones
Por un firmante de paz desde la comunidad
Hoy, al cumplirse nueve años de la firma del Acuerdo de Paz, me detengo a mirar el camino recorrido, no ha sido fácil, nadie que haya vivido la guerra y haya apostado por dejar las armas para abrazar la vida puede decir lo contrario, pero también puedo afirmar, con la misma convicción con la que firmé la paz, que este camino ha valido la pena cada día.
Vivo en una comunidad donde la reincorporación no es un concepto técnico, es la vida misma, es levantarse cada día a trabajar, luchar para que los proyectos productivos se mantengan, asistir a reuniones comunitarias, confrontar los prejuicios y demostrar con hechos que la paz no fue un engaño ni una pausa, sino una decisión irreversible, donde el Estado debe cumplir su palabra.
Los desafíos no se cuentan tan fácil, en mi proceso de reincorporación he tenido, y aún tengo, momentos duros.
Hemos enfrentado el asesinato de compañeros y compañeras, amenazas, desplazamientos, falta de acceso a tierras para producir, demoras institucionales y estigmatización persistente en algunas personas de las comunidades e instituciones. A veces, incluso el simple acto de salir a la vereda o al pueblo exige valentía porque todavía hay quien mira con desconfianza a quienes decidimos cambiar los fusiles por proyectos de vida.
Cuando llegamos al territorio sentíamos el peso del juicio, la gente no nos hablaba mucho.
Sin embargo, un día, una señora me invitó a tomar tinto y me dijo, ‘si ustedes están avanzando por la paz, nosotros también debemos cambiar nuestros juicios’.
Ese día sentí que la paz sí se estaba sembrando, desde entonces trabajamos juntas en la huerta del proyecto productivo - Luz Dary, firmante en Cauca
Muchos de nuestros emprendimientos han surgido con más esfuerzo que recursos, a veces, lo que sostiene un proyecto no es una máquina ni un capital, sino la voluntad colectiva y la certeza de que no vamos a retroceder. Juntos y juntas hemos tenido que aprender nuevas profesiones, nuevos oficios, nuevas formas de habitar el territorio, aún así, pese a todo, seguimos aquí.
Sabemos que aun quedan desafíos grandes, consolidar las economías sociales y solidarias, garantizar seguridad real en los territorios, fortalecer la pedagogía del acuerdo, asegurar participación política sin miedo, además, seguir construyendo confianza con las comunidades que también han sufrido demasiado.
En la guerra uno aprende a vivir alerta, a dormir poco.
Cuando firmamos la paz, mi mayor miedo era no saber ser madre fuera del monte.
Hoy veo a mi hijo correr en la escuela del ETCR, jugar con los hijos e hijas de los campesinos y soñar con ser maestro…
Y créame, no hay victoria más grande que esa. - Yuliana, firmante en Antioquia
La reincorporación es un proceso que no termina con una casa o un proyecto aprobado, la reincorporación es un acto de construcción diaria que se juega en las relaciones humanas, en las dinámicas comunitarias, en la memoria colectiva, en las posibilidades de futuro que logramos abrir para nuestras hijas e hijos.
Si algo hemos demostrado las y los firmantes de paz es persistencia, esta palabra nos ha sostenido en estos nueve años de paz.
Persistimos cuando los proyectos se caen.
Persistimos cuando el miedo intenta regresar.
Persistimos cuando la estigmatización quiere borrarnos el nombre y la historia.
Persistimos en las ferias campesinas, en las escuelas, en las asambleas comunitarias, en los ETCR y fuera de ellos.
Esto lo hacemos día a día, porque creemos profundamente en la paz, porque sabemos y valoramos lo que nos costó llegar hasta aquí, porque conocemos el valor de la vida, de la dignidad y de la palabra empeñada. – Firmante de paz
En estos nueve años hemos aprendido que la reconciliación no ocurre de un día para otro, requiere tiempo, escucha, perdón, respeto y la voluntad de reconocernos en el otro.
He visto víctimas y firmantes construir proyectos juntos, he visto comunidades que antes temían acercarse, ahora compartir espacios culturales y productivos, he visto a jóvenes preguntar con interés por esta historia que les estamos heredando, he visto que sí se puede.
Y por eso sigo aquí, trabajando desde mi comunidad, convencido de que cada semilla que sembramos, cada reunión que hacemos, cada camino que recuperamos, cada compromiso que cumplimos, es una forma de honrar lo que firmamos.
Las y los firmantes de paz hoy nueve años después, reafirmamos nuestro compromiso con la paz
Hoy, en este aniversario, quiero decirle al país algo sencillo, nosotros no nos rendimos.
Seguimos soñando con una Colombia donde nadie tenga que empuñar un arma para tener un lugar, donde el territorio sea sinónimo de vida y no de miedo, donde la paz no sea un discurso, sino un derecho.
Nueve años después seguimos apostándole al diálogo, a la memoria, a las alianzas, al trabajo comunitario, a la igualdad y a la justicia social, seguimos construyendo reconciliación desde lo cotidiano.
Seguimos haciendo país, poquito a poco, pero con toda el alma.
Estamos convencidos de que la paz no se decreta.
La paz se vive, se trabaja y se defiende todos los días.
Por eso, hoy más que nunca, invitamos al país entero a sumarse,
a escuchar, a acompañar, a cumplir, a proteger la vida y a poner el territorio en el centro.
Porque la paz que hemos construido no es solo nuestra, es una tarea colectiva que necesita de todas las manos.
Nueve años después, seguimos aquí, y no vamos a retroceder
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