01 Oct La Condesa, un lugar donde el fuego une y el balón reconcilia
La Condesa, un lugar donde el fuego une y el balón reconcilia
En la finca La Condesa, en el municipio de Honda, departamento del Tolima, el humo de un asado se mezclaba con las risas de hombres y mujeres que alguna vez estuvieron en orillas opuestas del conflicto. A la sombra de los árboles, mientras el balón rodaba en la cancha improvisada, la vida parecía más sencilla, abrazarse, jugar, compartir un asado en hojas naturales y recordar que la paz comienza en los gestos más pequeños.
Firmantes de paz y víctimas del conflicto se encontraron allí, unidos por un mismo anhelo, construir un futuro distinto para sus hijos e hijas, quienes han crecido en medio del desplazamiento y la guerra sin entender el porqué. Este día, entre el calor del fuego y el eco de los goles, enviaron un mensaje claro al país, la reconciliación es posible, la esperanza es y será siempre más fuerte que el miedo.
Hoy entendí que el balón no distingue bandos, que cuando jugamos juntos lo único que importa es la alegría de marcar un gol y abrazarnos como equipo, esto es una paz real.
No hubo discursos largos ni palabras rebuscadas, hubo sonrisas, abrazos, una pelota que no distinguía bandos y la convicción de que la armonía se teje en lo cotidiano. La paz no es solo un acuerdo, es unión, es respeto, es reconocer en el otro a un compañero de camino.
Compartir un asado con quienes alguna vez sentí tan lejos de mí es una experiencia que me renueva la esperanza. Aquí me doy cuenta de que la reconciliación no es un sueño imposible, sino un camino real.
En este encuentro participamos El CNR-C, la ARN, la Alcaldía municipal, la Gobernación del Tolima, el ICBF, representantes de las víctimas, la Policía y el Ejército Nacional, instituciones que, junto a la comunidad, reafirmaron que la construcción de la paz requiere manos entrelazadas y voluntades firmes.
Me emociona ver a mis hijos jugar en la misma cancha con los hijos de quienes fueron mis contrincante, eso me da fuerzas y esperanza para creer en una Colombia sin miedo
En La Condesa, quedó sembrada una semilla fuerte y resistente de una Colombia que quiere sanar, que quiere caminar sin rencores, que apuesta por la vida. Una Colombia donde el fuego se enciende para el asado y no para la guerra, donde un gol vale más que una herida, donde la palabra esperanza es el motor para seguir adelante.
Vine como víctima del conflicto y me voy como parte de una comunidad que cree en la vida. En este lugar el fuego no destruyó, sino que nos unió alrededor de la comida, el juego y las risas.
Al final de la jornada, cuando el humo del asado se disipaba y el eco de los goles aún vibraba en la cancha, quedó una certeza en el aire, la paz no es un ideal lejano, es un presente que se construye en comunidad, con gestos sencillos y corazones dispuestos.
¡Sigamos trabajando juntos y juntas por una reincorporación con raíces en el territorio, con rostro comunitario y con horizonte de justicia social!
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